¿Dónde estás, mosca cojonera? (y 2)

Hablé en mi anterior entrada sobre el ejercicio del periodismo, y la necesidad, especialmente en estos tiempos que corren, de ejercerlo con agresividad, entendida ésta como impulso que hace frente a las barreras que puedan imponer otros poderes, en su intento por acceder y difundir la verdad, siempre que ésta sea de interés público.

En la misma también ejemplifico lo que considero periodismo combativo, que hace uso de la confrontación, a través de tres estilos distintos de llevar las riendas de una entrevista: Ana Pastor, Susanna Griso y Jordi Évole. Son tres periodistas que sostienen una apuesta periodística, la de mosca cojonera, que creo que es minoritaria en nuestro país. ¿Pero por qué escasea tanto en España?

Estar cerca del poder tiene sus beneficios. De partida, ingresos publicitarios, que no es un asunto menor en los tiempos que corren. Y en este lote de ‘poder’ podemos meter a administraciones públicas, partidos políticos y a la banca. Y los medios de comunicación mamando bien de ellos. Lo contaba por octubre del año pasado Jesús Cacho, periodista con amplia experiencia en la prensa, y que decía lo siguiente en el artículo con el que inauguraba su nuevo proyecto periodístico, VozPópuli.

Los medios se han convertido en gustosos rehenes de los grandes grupos de interés políticos y, sobre todo, económico-financieros. Son los nuevos “perros guardianes” de un sistema que se cae a pedazos. Lo peor que se puede decir del periodismo español es que ha abdicado de su deber, se ha entregado, se ha rendido sin lucha.

Al arrancar dicho medio, Cacho instó a los grandes anunciantes a respetar su independencia y a apostar por la misma invirtiendo en publicidad como fórmula exclusiva para hacer un “periodismo libre a la anglosajona manera” con el fin de propiciar “la existencia de un país libre y rico, en el que todos, personas físicas y jurídicas, puedan prosperar”. Cacho asume que tiene el viento en contra, en un país donde tener padrinosprimos cotiza más que la valía propia. Sobre todo en las altas esferas (ejemplos hay aquí, aquí y aquí, el último no consumado por el ‘escándalo social’). Así que el juego más rentable económicamente, que no deontológicamente, es el de estar bien cerquita del poder, de los otros poderes.

Son, al fin y al cabo, los que toman la foto. Si te mueves, no sales. En el caso del poder político, si te portas bien,  filtraciones interesadas que te regalo. De lo contrario, te catapulto con un dedo y acabas aplastada contra la ventana, mosquita suicida. Fíjense si no en lo que le ha pasado a la periodista de la SER, Pilar Velasco. En el caso del poder económico y bancario, si empiezas a sacar mis trapos sucios, te asfixio sin publicidad.

 

¿Remar a contracorriente o con matamoscas?

Sólo teniendo en cuenta este efecto pinza de los poderes económico y político puedo entender barbaridades periodísticas como ésta que firmaron tres diarios el sábado pasado. Ni El Mundo, ni ABC, ni La Razón informaron en primera página del recorte de 10.000 millones de euros en las partidas de Educación y Sanidad que acordó el gobierno de Rajoy un día antes, el 20 de abril de 2012. Es verdad que la cifra ya se conocía desde antes, y que dichos diarios, junto a los demás de prensa de información general, sí informaron el viernes y el jueves previos de los recortes en educación y sanidad que el ejecutivo fue anunciando. Pero la medida adoptada el viernes en Moncloa supuso el mayor recorte social acometido en la historia de la democracia, tal y como destaca El País en su primera del sábado. También en dicho consejo de ministros se concretaron más recortes no anunciados previamente. No me entra en la cabeza criterio periodístico alguno que considere que esta información no merecía ir en primera página. Oda a la mosquita muerta.

Los distintos poderes se obcecan en tener al periodismo en la palma de la mano. Y a éste no le queda otra que ceder autonomía y estar a expensas de quien lo sostiene. Eso, o defender y garantizarse su independencia, en otras palabras, su autonomía económica. Y eso nos lleva, de nuevo, a cuestionar el modelo económico actual, y el sangrante ‘todo gratis’ en la red. Lo denunció ayer el consejero delegado del Economist, Andrew Rashbass, cuando reprochó al resto de directivos de los principales grupos de comunicación internacionales reunidos en el International Media Council: “no veo un gran deseo de volver a la rentabilidad”.

Ésa es la otra opción. No. Ésa es la única opción que le queda al periodismo, a sus empresas. Despegar de la palma de la mano que ofrecen los otros poderes, y recuperar su independencia.

Pero, ¿y si los medios de comunicación no quieren?

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